1929:
LA REVOLUCIÓN PERMANENTE Lev Davidovich Bronstein Traducción directa del ruso de Andreu Nin Edición de Ruedo Ibérico (1972), a cargo de Juan Andrade y José Martínez
(León Trotski)
Digitalizado para la RED VASCA ROJA por Juan Mari Madariaga.
Las notas seguidas de [L. T.] son del propio León Trotski; las seguidas de [NDT] son de Andreu Nin.
Epílogo
Las predicciones o temores expresados en las palabras finales del capítulo anterior se han visto confirmadas, como es notorio, en el transcurso de unos cuantos meses. La crítica de la revolución permanente sólo sirvió a Radek de garrocha para dar el salto de la oposición al campo gubernamental. Nuestro trabajo atestigua -al menos, así lo creemos- que el paso de Radek al campo de Stalin no ha sido ninguna novedad para nosotros. Pero hasta la apostasía tiene sus grados y sus matices de humillación. En su declaración de arrepentimiento, Radek rehabilita completamente la política china de Stalin. Con esto, no hace más que descender hasta el fondo de la traición. Lo único que me queda por hacer es reproducir aquí un pasaje de mi contestación a la declaración de arrepentimiento de Radek, Preobrajenski y Smilga, declaración que es un padrón ignominioso de cinismo político.
"Como es de rigor en todo fracasado que se respete en algo, el trío no podía dejar de cubrirse con la idea de la revolución permanente. Para no hablar de lo más trágico que hay en toda la historia reciente de la experiencia de la derrota del oportunismo, la revolución china, el trío de capitulantes se sale del paso con el juramento banal de que no tiene nada de común con esa teoría de la revolución."
Radek y Smilga sostenían tenazmente la subordinación del Partido Comunista chino al "Kuomintang" burgués, y no sólo antes del golpe de Estado de Chang-Kai-Chek, sino también después. Preobrajenski mascullaba algo incoherente, como le sucede siempre en las cuestiones políticas. Cosa notable: todos aquellos que en las filas de la oposición sostenían la sumisión del Partido Comunista al "Kuomintang" han abrazado la senda de la capitulación. Ninguno de los opositores que han permanecido fieles a su bandera tiene esta tara. Una tara evidentemente ignominiosa. Tres cuartos de siglo después de la aparición del Manifiesto Comunista, un cuarto de siglo después del nacimiento del partido de los bolcheviques, esos desdichados "marxistas" consideraban posible defender la permanencia de los comunistas en la jaula del "Kuomintang". En respuesta a mis acusaciones, Radek, haciendo ya entonces absolutamente lo mismo que hace hoy en su carta de arrepentimiento, pretendía intimidarnos con el "aislamiento" del proletariado con, respecto a los campesinos como resultado de la salida del Partido Comunista del "Kuomintang" burgués. Poco antes de esto, Radek calificaba el gobierno de Cantón de gobierno campesino-obrero, ayudando a Stalin a disimular la mediatización del proletariado por la burguesía. ¿Cómo cubrirse contra estas acciones ignominiosas, contra las consecuencias de esta ceguera, de esta traición al marxismo? ¿Cómo? ¡Muy fácil, acusando a la teoría de la revolución permanente!
Radek, que ya desde febrero de 1928 empezaba a buscar pretextos para la capitulación, adhirióse inmediatamente a la resolución sobre la cuestión china adoptada en dicho mes por el pleno del Comité ejecutivo de la Internacional Comunista. Esta resolución declaraba "derrotistas" a los trotsquistas, porque llamaban derrota a la derrota y no se conformaban con calificar de etapa superior de la revolución china a lo que era una contrarrevolución. En la resolución mencionada se proclamaba el rumbo hacia el levantamiento armado y los soviets. Para todo aquel que esté dotado de un poco de sentido político, aguzado por la experiencia revolucionaria, aquella resolución aparecía como un modelo de aventurerismo repugnante e irresponsable. Radek se asoció a ella. Preobrajenski enfocó la cosa no menos inteligentemente; pero desde otro punto de vista. La revolución china, decía, ha sido aplastada para mucho tiempo. No es fácil que estalle pronto una nueva revolución. ¿Vale la pena, en este caso, disputar con los centristas a causa de China? Preobrajenski me envió extensas misivas sobre este tema. Al leerlas en Alma-Ata, experimenté un sentimiento de vergüenza. ¿Qué es lo que ha aprendido esta gente en la escuela de Lenin?, me pregunté docenas de veces. Las premisas de Preobrajenski eran antitéticas de las de Radek, pero las conclusiones eran las mismas: ambos querían que Yaroslavski les abrazara fraternalmente por mediación de Menjinski (1) ¡oh, en beneficio de la revolución, naturalmente! No son unos arribistas, no; son, sencillamente, unos hombres impotentes, ideológicamente vacíos.
Ya en aquel entonces oponía yo a la resolución aventurerista del Pleno del mes de febrero de 1928 el curso hacia la movilización de los obreros chinos bajo las consignas de la democracia, incluyendo la de la Asamblea constituyente. Pero aquí el famoso trío dio un golpe de barra hacia la extrema izquierda; esto costaba poco y no obligaba a nada. ¿Consignas democráticas? De ningún modo. "Es un grosero error de Trotski." Sólo soviets, y ni un uno por ciento de descuento. Difícilmente cabe imaginarse nada más absurdo que esta posición, si cabe llamarla así. La consigna de los soviets para la época de la reacción burguesa es una ficción, esto es, un escarnio a los soviets; pero aun en la época de la revolución, o sea en la época de la organización directa de los soviets, no llegamos a retirar las consignas de la democracia. No las retiramos hasta que los efectivos soviets, que disponían ya del poder, chocaron a los ojos de la masa con las instituciones efectivas de la democracia. Esto es lo que en el lenguaje de Lenin (y no en el del pequeño burgués Stalin y de sus papagayos) significa: no saltarse la etapa democrática en el desarrollo del país. Fuera del programa democrático --Asamblea constituyente; jornada de ocho horas; confiscación de las tierras; independencia nacional de China; derecho de soberanía para los pueblos que forman parte de la misma, etc., etc.; fuera de este programa democrático, el Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder pasivamente el campo a la socialdemocracia china, la cual puede, con ayuda de Stalin, Radek y compañía, ocupar su sitio.
Por consiguiente, cuando iba a remolque de la oposición, Radek no se dio cuenta de lo más importante en la revolución china, pues propugnó la subordinación del Partido Comunista al "Kuomintang" burgués. Radek no se dio cuenta de la contrarrevolución china, sosteniendo después de la aventura de Cantón el rumbo hacia el levantamiento armado. Radek salta actualmente por encima del periodo de contrarrevolución y de lucha por la democracia, saliéndose del paso con respecto a los fines del periodo transitorio mediante la idea abstracta de los soviets fuera del tiempo y del espacio. En cambio, jura que no tiene nada de común con la revolución permanente. Es consolador...
... La teoría antimarxista de Stalin-Radek lleva aparejada consigo la repetición, modificada, pero no mejorada, del experimento del "Kuomintang" para China, para la India, para todos los países de Oriente.
Fundándose en la experiencia de las revoluciones rusa y china, en la doctrina de Marx y Lenin, meditada a la luz de estas revoluciones, la oposición afirma:
Que la nueva Revolución china sólo podrá derrocar el régimen existente y entregar el poder a las masas populares bajo la forma de dictadura del proletariado;
Que la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos --por oposición a la dictadura del proletariado, que arrastra detrás de sí a los campesinos y realiza el programa de la democracia-- es una ficción, un fraude contra sí misma, O algo peor, una política a lo Kerenski o a lo "Kuomintang";
Que entre el régimen de Kerenski y Chang-Kai-Chek de una parte, y la dictadura del proletariado de otra, no hay ni puede haber ningún régimen revolucionario intermedio, y que el que propugne esta forma de transición engaña ignominiosamente a los obreros de Oriente, preparando nuevas catástrofes.
La oposición dice a los obreros de Oriente: Depravados por las maquinaciones intestinas del partido, los capitulantes ayudan a Stalin a sembrar la semilla del centrismo, os tapan los ojos y os cierran los oídos, llenan de confusión vuestra cabeza. De una parte, os reducen a la impotencia ante la dictadura burguesa descarada, prohibiéndoos desarrollar la lucha por la democracia. De otra parte, os trazan la perspectiva de una dictadura salvadora no proletaria, contribuyendo con ello a una nueva encarnación del "Kuomintang", o sea a los desastres sucesivos de la revolución de los obreros y campesinos.
Los que os predican esto son unos traidores. Aprended a no darles crédito, obreros de Oriente; aprended a despreciarlos, aprended a expulsarlos de vuestras filas!...
NOTA
(1) Presidente de la GPU [NDT].
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¿Qué es la revolución permanente? (Tesis fundamentales)
Espero que el lector no tendrá inconveniente alguno en que, como remate a este libro, intente, sin temor a incurrir en repeticiones, formular de un modo compendiado mis principales conclusiones.
Este proceso de transformación se realizará con distinto ritmo según los distintos países. En determinadas condiciones, los países atrasados pueden llegar a la dictadura del proletariado antes que los avanzados, pero más tarde que ellos al socialismo.
Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en tomo suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática. Por el contrario, en un país cuyo proletariado haya llegado al poder como resultado de la revolución democrática, el destino ulterior de la dictadura y del socialismo dependerá, en último término, no tanto de las fuerzas productivas nacionales como del desarrollo de. la revolución socialista internacional.
La tentativa de los epígonos, compelidos por los golpes de la crítica, de limitar a Rusia la aplicación de la teoría del socialismo en un solo país en vista de las peculiaridades (extensión y riquezas naturales) de esta nación, no mejora, sino que empeora las cosas. La ruptura con la posición internacional conduce siempre, inevitablemente, al mesianismo nacional, esto es, al reconocimiento de ventajas y cualidades inherentes al propio país susceptibles de permitir a éste desempeñar un papel inasequible a los demás:
La división mundial del trabajo, la subordinación de la industria soviética a la técnica extranjera, la dependencia de las fuerzas productivas de los países avanzados de Europa respecto a las materias primas asiáticas, etc., etc., hacen imposible la edificación de una sociedad socialista independiente en ningún país del mundo.
A las revoluciones de los países atrasados les asigna como fin la instauración de un régimen irrealizable de dictadura democrática que contrapone a la dictadura del proletariado. Con ello introduce ilusiones y ficciones en la política, paraliza la lucha del proletariado por el poder en Oriente y retrasa la victoria de las revoluciones coloniales.
Desde el punto de vista de la teoría de los epígonos, el hecho de que el proletariado conquiste el poder implica el triunfo de la revolución ("en sus nueve décimas partes", según la fórmula de Stalin) y la iniciación de la época de las reformas nacionales. La teoría de la evolución del kulak hacia el socialismo (1) y de la "neutralización" de la burguesía mundial, son, por este motivo, inseparables de la teoría del socialismo en un solo país. Estas teorías aparecen juntas y juntas caen.
La teoría del nacional-socialismo reduce a la Internacional Comunista a la categoría de instrumento auxiliar para la lucha contra la intervención militar. La política actual de la Internacional Comunista, su régimen y la selección del personal directivo de la misma responden plenamente a esta reducción de la Internacional al papel de destacamento auxiliar, no destinado a la resolución de objetivos independientes.
NOTA
(1) En el periodo de florecimiento de la política derechista sostenida por el bloque del centro y de la derecha, Bujarin, teorizante de dicho bloque, lanzaba a los campesinos la consigna "¡enriqueceos!", y entendía que, en las condiciones creadas por la economía soviética, el kulak, en vez de evolucionar hacia el capitalismo, evolucionaba "pacíficamente" hacia el socialismo. Esta fue la política oficial del partido desde 1924 hasta principios de 1928, cuando el kulak, al declarar la «huelga del trigo», hizo ver a los dirigentes del partido que continuaba la lucha de clases en el campo. [NDT].
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